Bodas de plata de un barrio de éxito

Silencio. Ya no quedan risas, no existen las interminables colas. El lago no espera su espectáculo. Tampoco niños y mayores se amontonan para ver desfilar la cabalgata. El Pabellón de España no proyectará hoy su película y tampoco se podrá disfrutar del cine Omnimax. Por la Cartuja de Sevilla no se ve el tren monorraíl y en las estaciones del telecabina hay coches aparcados. Tan solo aparece, entre la tranquilidad del silencio, la figura de Curro en forma de desgastada pegatina adherida a un coche que, seguramente, aún guarde recuerdos del 92.

Recuerdos de una Exposición Universal que cumple 25 años. Tal evento dejó un legado que, ensombrecido por una concepción negativa, sigue aportando a la ciudad grandes frutos, como ya lo hizo en su nacimiento.
Raúl Serrano tenía ocho años cuando llegó por primera vez a la Barqueta y se sorprendió de la cantidad de colas que había. 40 millones de personas pasaron por la Cartuja, un espacio que se convirtió desde el 20 de abril de 1992 hasta el 12 de octubre de ese mismo año en un escaparate mundial. “Me acuerdo de desear ir todos los días a la Expo. Cuando eres niño estás acostumbrado a tu entorno de siempre y aquello fue un cruce de culturas increíble. Cada día veía una cosa nueva. La arquitectura era espectacular y hoy día no se puede apreciar todo aquello”, dice mientras pasea por un lugar que a su juicio marcó su infancia y que en ocasiones le sirve de retiro momentáneo para desconectar.

El 20 de abril el Rey Juan Carlos I inauguraba la Exposición Universal de Sevilla 1992, con el pretexto de celebrar el quinto centenario del descubrimiento de América. A su vez, la comúnmente conocida Expo’92 sirvió para que la joven democracia del momento diera un salto y demostrara al mundo una imagen de país renovado que estaba dispuesto a dar pasos agigantados hacia un futuro mejor. Para más inri, el espacio elegido para dar rienda suelta a un acontecimiento de estas dimensiones fue la Isla de la Cartuja de Sevilla, lugar donde presuntamente Cristóbal Colón preparó su primer viaje hacia América.

Esfera Bioclimática de la Expo’92. Foto: Luis Miguel Rojas

“La era de los descubrimientos” fue el lema que acompañó durante seis meses a todos los que se acercaban con actitud algo escéptica a visitar la muestra. “Fue la primera vez que entramos en contacto con Internet, gracias a lo que había en los pabellones. El manejo de pantallas y que algo reaccionara ante el tacto era increíble, una sensación espectacular”,asegura alegremente Raúl Serrano mientras revisa fotos de aquellos tiempos, ya escaneadas, que guarda en su móvil. “Hay que tener en cuenta que al tener 8 años no identificas en qué pabellón estás. Por eso con el paso del tiempo y viendo cosillas he logrado ubicarme. El Pabellón de Chile me llamaba mucho la atención por el Iceberg. El acuario del Pabellón de Mónaco era genial. Disfrutaba mucho también con el pasacalle. El Pabellón de España que está en Isla Mágica, tenía un cine que ha cambiado desde entonces. A mí me flipaba”.
No obstante Raúl piensa que la ciudad vivió un sueño pero después siguió siendo fiel a su tradición: “Yo me quedé encerrado en la modernidad de la Expo. y de hecho el arte contemporáneo es lo que más me gusta. Ahora es cuando veo que no hay opciones para llenarse de otras cosas. Se dan algunos regalitos para contentar a lo más alternativo, pero no terminamos de abrirnos. Aun así no creo que sea un problema meramente sevillano, sino que en Andalucía y en España en general no sabemos sacar partido de las cosas. El día que sepamos sacarle fruto y valor a lo que tenemos más allá de la Semana Santa y la feria, seremos grandes y creceremos.”
En 1987, tras la confirmación por parte del BIE (Bureau International des Expositions), los sevillanos ya sabían que en el 1992 Sevilla iba a ser sede de una Exposición Universal. Pero ¿cómo se podían imaginar todo lo que en la Isla de la Cartuja habría, teniendo en cuenta que tan solo era un amplio terreno desértico que contaba con las ruinas del Monasterio de la Cartuja?

Juan Ruesga perteneció a esa insigne lista de reputados arquitectos que participó en darle vida a las 215 héctareas que comprendían la Isla de la Cartuja. Su obra, el Pabellón de Andalucía, aún sigue hoy en pie albergando en su interior los estudios de radio de Canal Sur. “La ciudad tiene dos formas de reaccionar. Siempre hay una reacción a la defensiva al principio que está alentada incluso, por algunos forjadores de opinión que dudan si estas cosas van a tener éxito. En ese momento se escuchó y pudimos leer de todo: el AVE era un rollo, al teatro maestranza lo llegaron a llamar la olla exprés… Son actitudes extrañas teniendo en cuenta que eran factores que venían a mejorar nuestra ciudad.”

“El sevillano entró en la Expo. siendo consciente de todo”. Juan Ruesga

Si bien, está concepción en opinión de Ruesga tuvo cierto punto inflexión a partir de 1989. El arquitecto también es director de escenografía y por encargo directo del presidente de la Sociedad Estatal Expo 92, Jacinto Pellón, tuvo el honor de preparar la fiesta de bienvenida a la adorada y mil veces añorada mascota de este evento mundial, Curro. Un espectáculo inédito que albergó la Plaza de España y que ayudó a cambiar la imagen reticente de los sevillanos ante el proyecto que se estaba fraguando. “En ese momento se vio que las expectativas iban a ser otras, que la gente quería eso. Las voces críticas tuvieron que irse alejando. Siempre que se hacen eventos así, el mayor público visitante es el local, aunque venga gente de fuera. Yo creo que el sevillano entró en la Expo. siendo consciente de todo. Además había gente que venía con el recuerdo de la exposición del 29 y vieron lo importante que era para la ciudad una muestra de tal calibre. Sevilla fue la ciudad más pequeña que nunca haya organizado una exposición de carácter universal. Casi 300 hectáreas la formaron y eso constituye a su vez el tamaño del casco histórico de Sevilla.”

Puente de la Barqueta. Foto Luis Miguel Rojas

Puente de la Barqueta. Foto Luis Miguel Rojas

La Isla de la Cartuja quedó dividida en cinco sectores. Uno de ellos era el puerto, que permitía el acceso a la muestra a través del río y tenía como principal protagonista el Pabellón de la Navegación. Por otro lado se le dio especial importancia al Monasterio, convirtiéndolo en Pabellón Real. Los jardines por su parte dieron buena cuenta de la gran riqueza vegetal con la que contó la Expo’92, materializada en zonas como el Jardín Americano o los Jardines del Guadalquivir. Quizás una de las cinco zonas más recordadas hoy sea el Lago de España, que cerraba todas las intensas jornadas con un espectáculo que aún permanece en la retina de muchos sevillanos. Alrededor

Nuevas vistas desde el Pabellón de Marruecos. Foto Luis Miguel Rojas

Nuevas vistas desde el Pabellón de Marruecos. Foto Luis Miguel Rojas

de este se encontraban los pabellones autonómicos y el Pabellón de España. Ahora bien, otra zona reseñable fue la internacional, donde se encontraba el grueso de representaciones mundiales. Un lugar que hizo alarde de un contraste de culturas y que aportó adelantos que dejaron anonadados a miles de personas.
José Álvarez, profesor de la Universidad de Sevilla, fue en ese momento el encargado del periódico digital de Expo’92. Hoy, 25 años más tarde, también es partícipe del comité asesor que se ha constituido en la ciudad para conmemorar las bodas de plata de la muestra.

Álvarez fue uno de los responsables, en materia de comunicación, de uno de los cientos de adelantos que “la Era de los descubrimientos” trajo consigo: “El primer periódico digital de la historia de España se hizo en la Exposición Universal de Sevilla. ¡Y encima era táctil! Había en torno a 300 ordenadores repartidos por la Cartuja. Eran unos sistemas de información electrónicos muy adelantados para aquella época. Además contó con el añadido de ser un periódico trilingüe gracias al apoyo de IBM. Podías encontrar en español, inglés y francés información de servicios y espectáculos que tendrían lugar en el recinto. También podías realizar un recorrido virtual por la Cartuja o incluso comunicarte mediante mensajería instantánea con otros visitantes.” José Álvarez asegura que no exagera cuando dice que la muestra universal “supuso un salto cuantitativo y cualitativo para la ciudad y para Andalucía. Es como si Sevilla en un solo golpe de efecto se adelantara al siglo XXI.”
“Los sevillanos hicimos nuestra la Expo”, comenta el periodista Cristóbal Cervantes. Él en ese momento hizo varios programas desde la terraza del Pabellón de Andalucía para TeleSol, una televisión local de Almería. Y es que según la ‘Memoria general de la Expo’92, 23.900 medios informativos estuvieron acreditados durante el evento universal. Esta cifra denota que no solo los medios de comunicación españoles se hicieron eco del lugar que estaba siendo puerta del mundo.
Cristóbal Cervantes manifiesta que los sevillanos tuvieron la suerte de tener una muestra de tal envergadura prácticamente a las puertas de casa. Ese argumento cobra sentido cuando lo sostiene una persona que también ha podido vivir de cerca la Exposición de Shanghái 2010. “En Shanghái los pabellones eran más espectaculares. Hay que tener en cuenta que de 1992 a 2010 ha habido un salto tremendo en la tecnología y en las técnicas. Pero yo no vi pasión. No vi el entusiasmo con el que los sevillanos vivieron su Expo. Yo creo que en eso influye mucho la proporción de cada ciudad. Aquí era imposible que pasara desapercibida porque además la remodelación que sufrió la ciudad fue notoria. En Shanghái fue una cosa más.”

“A la Duquesa de Alba le encantaba la Expo. Quería ir todos los días”. Carlos Telmo.

De esta manera, para que Sevilla hiciera frente a un evento de tales dimensiones se llevaron a cabo grandes inversiones que afectaron al recinto de la muestra y al exterior. Según los datos de la ‘Memoria General de Expo’92 en infraestructuras del recinto se invirtieron en torno a 75.000 mil millones de las antiguas pesetas (451 millones de euros) y 800.000 millones de pesetas (casi 5 mil millones de euros) en infraestructuras del entorno. Legado Expo es una asociación que promueve ir más allá de 1992 y seguir potenciando la herencia que la muestra dejó pero en materia de avance, no solo basándose en el recuerdo de aquel éxito.
Unos meses de gloria que hicieron que pasaran por la Cartuja 43 visitas de jefes de Estado y 26 visitas de jefes de Gobierno. Además, la media estimada de visitas por día rondaba las 250.

Pabellón del Futuro. Foto Luis Miguel Rojas

Pabellón del Futuro. Foto Luis Miguel Rojas

“A la Duquesa de Alba le encantaba la Expo. Quería ir todos los días y me avisaba. Ella era maravillosa y disfrutó muchísimo. Le encantaba el Pabellón de Arabia Saudí”, relata Carlos Telmo que durante la Exposición Universal fue director de relaciones externas de Sogexpo y Responsable de visitas VIP en Expo’92. Hoy también forma parte del comité asesor para la gestión de las actividades que se llevarán a cabo por el 25 aniversario. Telmo, tiene muchas anécdotas de esos meses que califica como “maravillosos”.

Tiene recuerdos de numerosos personajes que decidieron vivir en primera persona un evento de esta magnitud. Michael Douglas, la Reina Sofía, Catherine Deneuve, Jessye Norman y Tita Cervera, son algunas de las muchas personalidades con las que Carlos Telmo tuvo contacto y de las que guarda grandes historias y recuerdos. A su parecer, Sevilla cambió durante un tiempo su concepto provinciano para abrirse al mundo, aunque con el paso de los años, ha vuelto a mantener su esencia según relata: “Todos los políticos sean del color que sea, no han hecho nada por integrar esa zona en la ciudad tal y como lo estuvo en el 92. No quiere decir que tengamos que regresar al 92, sino que nos demos cuenta de que existe esa parte. Fuimos conscientes de lo que hubo. La ciudad vivió un cambio tremendo, pero nos acordarnos poco. Los sevillanos tienen miedo a lo nuevo.”

Carlos Telmo ve oportuna la idea de crear un museo sobre la Exposición Universal de Sevilla. “Yo espero un acto bonito el día en el que se conmemore la inauguración y la clausura. Es preciso recuperar mucho legado que hay y sería interesante enseñar lo que fue Expo’92 a todas esas nuevas generaciones que no la pudieron vivir y que tienen que saber que mucho de lo que hay es gracias al 92. También hay que enseñar que Sevilla no acaba de terminar las cosas y que no se puede vivir a base de eventos que den impulso.”
¿Pero qué ocurrió para que un lugar que tanto éxito aglutinó no esté en alta estima por la opinión pública?
Ángel de Quinta fue supervisor de personal en el Pabellón de la ONCE y disfrutó mucho de la experiencia tanto a nivel personal, como profesional porque le “aportó muchas tablas”, pero aun así piensa que “Sevilla no merecía eso y mira que yo adoro a esta ciudad. Pero es muy provinciana y hay que quererla como es. Si nos sacan de las cuatro cosas que hay, nos perdemos. La gente piensa que está muy lejos la Cartuja cuando se trata de ir al teatro Central. Pero no piensan lo mismo cuando quieren ir a Antique”, comenta. De Quinta recuerda el evento como algo bonito que supo enganchar a la gente porque los trabajadores y la organización buscaban eso, “pero si tú no potencias las cosas , todo se acaba perdiendo. Sevilla fue ciudad para mantener algo así en el siglo XVI, a partir del XVII fue cayendo.”

Europa en el corazón. Foto: Luis Miguel Rojas

Europa en el corazón. Foto: Luis Miguel Rojas

Javier Rubio se encargó del suplemento Expo’92 para Diario 16 y aunque disfrutó de aquellos meses y vivió momentos irrepetibles, se decanta más por reflexionar sobre todo lo que la muestra universal supuso y si verdaderamente nos aportó todo lo que creíamos. “Sí, tuvimos el primer AVE Madrid-Sevilla y nos dio la ventaja competitiva que no tenían otras ciudades. Pero también hay que ver que deslocalizó a muchas empresas porque ya no hacía falta mantener una delegación en Sevilla, sino que directamente desde Madrid podían mover a sus ejecutivos en dos horas y plantarse en el centro de la ciudad. Las cosas no son tan sencillas y simples como nos quieren hacer ver”, comenta Rubio. “El pleno municipal es la representación soberana de la ciudad de Sevilla y hasta ahora ha decidido que esto siga así. Mi principal reproche a la Expo’92 es que se hizo sin tener en cuenta a la ciudad. No se tomaron las decisiones en cuanto a lo que la ciudad necesitaba o pudiera beneficiar en el futuro.” Javier Rubio invita a los ciudadanos a reflexionar en el 25 aniversario y a preguntarse: ”¿qué enseñanza sacamos de aquello?, ¿para qué la hicimos?”

“Aquí con solo cruzar un puente podemos disfrutar de una amplia oferta cultural que se puede potenciar.” Jaime Sierra.
Sin embargo desde la Asociación Legado Expo siguen apostando por el legado que la muestra dejó en la ciudad y lo considera una fuente de riqueza importante para la misma. Así lo ratifica su secretario, Jaime Sierra: “Nos encantaría que la Cartuja fuera un espacio potente desde el punto de vista cultural ya que en la ciudad hay que diversificar la oferta cultural y una de esas formas es potenciar el legado de la Expo. Tenemos una treintena de Pabellones diferentes, de arquitectos de todo el mundo que tienen que ponerse en valor. Aquí con solo cruzar un puente podemos disfrutar de una amplia oferta cultural que se puede potenciar.” No obstante este enclave sevillano se ha visto afectado por el paso del tiempo. El canal de los descubrimientos, las farolas, el estado de algunos pabellones o las estaciones de telecabinas destrozadas dan sensación de abandono de cara a la ciudad y al turismo.
“Los medios de comunicación también tienen mucha culpa de que solo se vea esa imagen peyorativa de la Cartuja hoy”, sentencia Luis Gresa, jefe de prensa del Pabellón de Aragón en 1992. Gresa denuncia que solo se ve una cara de la moneda y una de ellas eclipsa a la otra porque es la que tiene protagonismo. “Los medios politizaron en exceso. Hubo una instrumentalización muy partidista en contra del proyecto por ir en contra del gobierno y eso deteriora. No han ayudado a vertebrar Andalucía y no han ayudado a situar a Sevilla y a Andalucía como referente de muchas cosas. La Expo’92 brindó una oportunidad única a Andalucía para ser foco de todo el mundo. Sin embargo, en Andalucía se vio como una cosa de Sevilla y dentro de la propia ciudad también estuvieron los enfrentamientos entre unos y otros. Pero es que forma parte de la idiosincrasia de este país. Nos cuesta unirnos a todos y confiar en un proyecto. Siempre predomina el interés partidista.”

Gresa, oriundo de Aragón, no tiene ningún inconveniente en romper una lanza contra los clichés que persiguen a sevillanos y andaluces, alegando que en ese momento la ciudad demostró tener la suficiente capacidad para llevar al país a lo más alto. “Y, ¡ojo!, siempre interesa contar lo malo de esta zona, pero no vemos que no hay espacio para más empresas. Por lo tanto se puede morir de éxito como rama empresarial. El habitante de la Cartuja tiene una cualificación abrumadora y eso no lo vemos en las noticias, ni genera portadas”.

Nuevos enclaves que se unen a la Cartuja. Torre Pelli. Foto Luis Miguel Rojas

Nuevos enclaves que se unen a la Cartuja. Torre Pelli. Foto Luis Miguel Rojas

El Parque Científico y Tecnológico de la Cartuja conforma una gran red empresarial en un recinto heredado de lo que fue Expo’92. 423 empresas y entidades con la innovación por bandera, forman este complejo que apuesta por un modelo productivo basado en la I+D+i que otorga una actividad económica conjunta de alrededor de 1.900 millones de euros anuales. “Hay que ser conscientes de lo que fuimos capaces de hacer para poder seguir creciendo. El problema es que hay que tener voluntad por los ciudadanos, por los generadores de opinión y por los grupos políticos.” Gresa ve necesario darle contenido cultural, social y educativo para generar demanda y darle otro sentido a la Cartuja más allá del laboral. “Hay que hacer un 25 aniversario que de verdad cree un punto de inflexión y no se quede en algo tímido, como creo que será. Ojalá me equivoque.”
“Creo que ha llegado el momento de que la Cartuja sea un barrio más de Sevilla. Ha llegado el momento de que se haga una apuesta clara por parte del Ayuntamiento para que se explote más de lo que está, esta parte de la ciudad”, defiende Juan Ruesga. El arquitecto aboga por un incremento de las comunicaciones con esta zona. El Plan General de Ordenación Urbana de 2006, planteaba la construcción de seis puentes nuevos, sin contar los tres de la Expo’92 y el del Cristo de la Expiración para dar unión a la Cartuja con el resto de la ciudad. Dos de ellos eran puentes con tráfico rodado y peatonal y los restantes irían destinados solo al tráfico peatonal.

“Esos intentos por unir la ciudad y la Cartuja no se han dado. Hace falta más accesibilidad”, ratifica Ruesga. “Para mí la Expo’92 fue una buena oportunidad, creo que se aprovechó bastante. Pero Sevilla no puede avanzar a base de acontecimientos. No se pueden tardar 20 años en completar una red de metro. La ciudad tiene que avanzar a una velocidad de vértigo y proyecto que se plantea, proyecto que se debe llevar a cabo. ¿Hay algún barrio en Europa que tenga tantos salones de actos donde se pueda realizar congresos, reuniones (porque cada pabellón tiene su salón) y que cuando termines puedas ir andando al centro de la ciudad sin tener que usar medio de transporte? Esto objetivamente no lo tiene nadie en Europa y es difícil venderlo. ¿Qué ocurre? Que si en medida de transporte tampoco ponemos las facilidades correctas, no consigo nada. Hace falta una línea de metro que pase por Expo’92.”

El arquitecto también concibe la opinión de que a la vista de los generadores de opinión apenas se le da valor al núcleo empresarial. Ruesga reconoce que hay defectos y que el abandono es considerable, “pero el principal defecto es que la Cartuja de Sevilla está descentrada. Está a un lado de todo el centro en el que la vida se hace. Y eso es un obstáculo. Entonces habría que hacer una serie de medidas para controlar eso. Una vez se consolide esta zona como verdadero barrio, el abandono irá desapareciendo. Esa debe ser una tarea del 25 aniversario. Sembrar ese germen.”

En materia medioambiental, la Expo’92 supuso un adelanto. La Cartuja logró rebajar 4 grados su temperatura con respecto a la ciudad en los meses que duró la muestra. Y esto se consiguió gracias a la multitud de pérgolas que existían, a la extensión vegetal y a la famosa Esfera Bioclimática. La Fundación Naturalia XXI surgió en 1997 gracias a un grupo de personas precupadas por el futuro de muchos espacios herederos de la muestra universal. Es por ello que deciden formular una propuesta de reutilización de un área del margen derecho de la Dársena del río Guadalquivir. En 2013, el Ayuntamiento decidió retirar las subvenciones a esta fundación alegando que se estaban haciendo funciones dobles y que por tanto la retirada de las mismas suponía un ahorro.

Veleta luminaria integrada en el nuevo parque que conforma el complejo Torre Sevilla. Foto Luis Miguel Rojas

 

Francisco Oñate, fue gerente de Naturalia XXI. Él considera que la disolución se llevó acabo por un interés partidista. “El abandono del Jardín Americano y los Jardines del Guadalquivir está patente y no hay programas para potenciarlos. En su tiempo si había actividades desde el punto de vista educativo y de la botánica.”, señala. “Lo mejor para seguir manteniendo ese legado que nos dejó la Expo’92 entre otras cosas, es cuidar los jardines y aumentar la superficie vegetal en el centro de la ciudad. La Expo’92 fue un modelo de referencia natural también. La microvaporización del agua, el uso de las pérgolas, el aire acondicionado de los pabellones usando el agua del río… En la exposición universal se puso en marcha un sistema que dio un resultado sorprendente gracias a técnicas bioclimáticas que deberían haberse ampliado y utilizado hoy día. Eso sería la primera asignatura pendiente para proponer en este aniversario.”

“Hay un antes, un después y un durante en los seis meses de la Expo’92 en Sevilla.” Cristóbal Cervantes.

Legado Expo ya está ultimando los detalles para la celebración del 25 aniversario. Julio Cuesta será el encargado del comisariado de los actos que tendrán lugar con motivo de la efeméride. “No se quiere volver al 92, pero sí queremos usar ese recuerdo para que nos demos cuenta que aquí hay materia para potenciar. La parte empresarial está muy bien asentada. Pero el sector cultural y social son factores de avance para la Cartuja. Lo que no podemos tener en la Cartuja un área que estamos vendiendo de excelencia empresarial y tener espacios públicos en malas condiciones como los tenemos, donde los peatones apenas tienen espacio para pasear y donde los coches no tienen un orden de aparcamiento. Hacen falta reformas urbanas para completar un espacio tan bueno de Sevilla. Torre Sevilla también va a ser un punto de atracción considerable, o al menos las expectativas son muy positivas por el momento”, asegura Jaime Sierra.
“Hay un antes, un después y un durante en los seis meses de la Expo’92 en Sevilla. Estoy totalmente convencido”, dice Cristóbal Cervantes. “Se puede mantener lo que hubo, pero ir avanzando sin estancarnos en el 92 porque es entonces cuando no crecemos y el boom de 92 quizás no sea el boom ahora. Hay que evolucionar”, afirma Raúl Serrano, ese niño de ocho años que 25 años más tarde, sigue paseando por la Cartuja con las mismas ganas que entonces y en el cajón más recóndito de su casa aún guarda el pasaporte, las chapas,las fotos, el mapa y las envejecidas pegatinas de Curro.

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